Vamos a hablar de qué vivienda conviene comprar a partir de los 65 años. Porque, aunque es un tema a veces complicado -muchos mayores no quieren dejar la casa en la que han vivido toda la vida-, hay casas que funcionan perfectamente durante treinta años pero que no son la vivienda ideal para envejecer bien.
Es decir, una casa súper funcional para tus 35, 45 y hasta 60 años puede representar un lastre a partir de tu jubilación. ¿Por qué? Porque tú ya no tienes las mismas necesidades -y tu familia tampoco- y esas casas grandes, en las afueras o en el campo, empiezan a exigir más de lo que ofrecen.
Por supuesto que una vivienda en una urbanización tranquila puede haber sido maravillosa mientras los hijos vivían en casa, había energía para cuidar el jardín y coger el coche varias veces al día formaba parte natural de la rutina. Un chalet podía ser el lugar ideal para criar una familia. Una casa grande, con piscina, cuatro dormitorios y mucho espacio exterior era exactamente la vida que se quería entonces.
Pero las necesidades cambian. Los hijos se marchan, algunas habitaciones quedan prácticamente sin uso, el jardín continúa creciendo y la piscina sigue necesitando mantenimiento. Las escaleras empiezan a pesar un poco más y conducir para ir al supermercado, al centro de salud, al gimnasio o a tomar un café puede dejar de resultar tan cómodo como antes.
A los 65 o 70 años lo que necesitamos es una vivienda que facilite seguir viviendo con autonomía, comodidad y vida propia durante el mayor tiempo posible.
La cuestión afecta ya a una parte muy importante de la población. Según las últimas proyecciones de población del INE, las personas de 65 años o más representan actualmente el 21,1% de la población española, y ese porcentaje seguiría aumentando durante las próximas décadas. El mismo estudio sitúa a Baleares entre las comunidades con mayor crecimiento demográfico previsto en los próximos quince años, con un incremento relativo del 16,2%.
El envejecimiento de la población obliga, por tanto, a mirar también la vivienda de otra manera. La OCDE advierte de que gran parte del parque residencial no está preparado para acompañar esa evolución y recoge que, en España, una encuesta reciente señalaba que ocho de cada diez viviendas no estaban adaptadas a las necesidades de las personas mayores.
La pregunta que queremos responder hoy es qué características debería tener una casa en la que poder envejecer. Una vivienda funcional para personas de 70, 80 o incluso 90 años.
Casa grande o piso pequeño
Durante buena parte de la vida adulta hemos asociado mejorar de vivienda con ganar espacio: más dormitorios, más jardín, más privacidad, una piscina… Esto responde habitualmente a la lógica de cuando hay hijos en casa, reuniones familiares frecuentes y una vida cotidiana que nos pide esa amplitud.
Sin embargo, llega una etapa en la que algunos de esos elementos empiezan a exigir más tiempo, energía y dinero del que devuelven en calidad de vida. Una casa unifamiliar puede implicar mantenimiento exterior, reparaciones, escaleras, limpieza, costes de climatización y una fuerte dependencia del coche. Si además está situada en una urbanización alejada de servicios, incluso las tareas más sencillas pueden requerir desplazarse. Algo que, a determinadas edades, ya no es nada práctico.
Eso no significa que una persona deba vender automáticamente al cumplir 65 años. Hay propietarios de 75 o 80 años que disfrutan plenamente de su casa, conducen, mantienen el jardín y no cambiarían su forma de vivir por nada. La cuestión de cambiar de vivienda debe plantearse cuando esa casa se convierte en un trabajo.
Porque cuando nos hacemos mayores, aunque afortunadamente lleguemos a estar en buena forma física y mental, mantener un jardín se convierte en una obligación, subir escaleras o conducir de noche resulta cada vez menos cómodo.
Accesibilidad real
Una de las características más importantes de una vivienda pensada para envejecer bien es la facilidad de movimiento. Y, aunque las leyes ya nos orientan a viviendas cada vez más accesibles y versátiles para todas las etapas de la vida, es cierto que no todas las casas son realmente accesibles.
Una casa distribuida en una sola planta permite tener dormitorio, baño, cocina y salón en el mismo nivel y evita que las escaleras formen parte obligatoria de la rutina diaria. En una vivienda unifamiliar de varias alturas, puede ser muy útil que al menos exista la posibilidad de disponer de dormitorio y baño completo en la planta principal.
Si hablamos de un piso, el ascensor adquiere todavía más importancia. Pero conviene comprobar algo que en las visitas inmobiliarias muchas veces pasa desapercibido: tener ascensor no siempre significa tener una vivienda accesible. Hay fincas en Palma en las que hay que subir varios escalones desde la calle antes de llegar al ascensor, otras donde el aparato no alcanza determinadas plantas o donde su tamaño dificulta el acceso con ayudas de movilidad.
La Organización Mundial de la Salud identifica precisamente los ascensores, los accesos sin barreras y los pasos suficientemente amplios como características que ayudan a las personas mayores a vivir de forma cómoda y segura durante más tiempo. Esto se empieza a incluir ya en todos los proyectos de pisos de obra nueva pero en los edificios antiguos será una tarea a resolver para poder pasar la ITE en el futuro.
En nuestro artículo sobre qué es imprescindible revisar antes de comprar una vivienda ya hablábamos del ascensor como un elemento que afecta a la comodidad, la accesibilidad y también al potencial de reventa. En una compra realizada a partir de los 65 años, probablemente debería subir todavía varios puestos en la lista de prioridades.
Menos metros pueden significar más libertad
Reducir tamaño no equivale necesariamente a empeorar de vivienda. A partir de determinada etapa vital, una casa más manejable puede ofrecer bastante más libertad que otra mucho mayor.
Dos dormitorios pueden seguir siendo muy útiles: uno principal, otro para recibir a hijos, nietos o amigos y que, al mismo tiempo, funcione como despacho, lectura o hobbies. Lo que puede perder sentido es mantener tres o cuatro dormitorios cerrados buena parte del año si eso implica limpiar, climatizar y conservar metros que apenas se utilizan.
Algo similar sucede con el exterior. Una gran parcela puede haber sido fantástica durante años, pero una terraza amplia, soleada y fácil de mantener puede ofrecer buena parte de sus ventajas sin exigir el mismo trabajo. Una piscina comunitaria puede sustituir a una privada si lo que se busca es seguir disfrutando del agua sin asumir en solitario mantenimiento, averías y cuidados.
La vivienda adecuada para esta etapa debería permitir disfrutar del espacio sin dedicar una parte desproporcionada del tiempo a sostenerlo.
Y ese cambio de perspectiva puede resultar especialmente relevante para propietarios que han vivido durante décadas en chalets o casas familiares. En Vender tu vivienda para comprar una mejor: cómo dar el salto sin equivocarte ya analizábamos que una vivienda mejor no tiene por qué ser más grande. De hecho, puede ser más cómoda, estar mejor ubicada y responder mucho mejor a la vida que se tiene ahora.
Poder hacer vida sin coger el coche para todo
Este es probablemente uno de los factores más importantes y, paradójicamente, uno de los que menos se valoran cuando se compra vivienda a edades más tempranas.
Vivir en una urbanización o en una zona residencial alejada puede ofrecer silencio, espacio y privacidad. Mientras conducir forma parte natural del día a día, esa dependencia apenas se percibe. Con los años, sin embargo, puede convertirse en una limitación.
La OMS recuerda que la proximidad a servicios sanitarios, comercio y vida comunitaria es fundamental para que las personas mayores puedan mantener su independencia. También subraya la importancia de disponer de un transporte público accesible y asequible para continuar participando activamente en la comunidad.
Por eso, al elegir una vivienda para esta etapa merece la pena mirar el barrio casi como una extensión de la casa. ¿Hay supermercado a una distancia razonable? ¿Farmacia? ¿Centro de salud? ¿Autobús? ¿Cafeterías? ¿Un gimnasio? ¿Mercado, biblioteca, cine, casal de barrio, parques o espacios donde participar en actividades?
Aquí, hablamos de reducir el nivel de dependencia. Si lo tienes todo a mano, no necesitas a nadie que te lleve de acá para allá cada vez que necesites comprar algo en el supermercado: puedes ir tú caminando. No necesitas mover el coche. No necesitas aparcar. Por eso, en Palma, en Inca o en el centro de Manacor, una vivienda situada en un barrio con servicios puede permitir que una persona siga resolviendo sola buena parte de su vida cotidiana aunque un día conduzca menos o decida dejar de hacerlo.
Con los años, poder bajar a tomar un café, acudir caminando a una actividad, encontrarse con amigos o conocidos, ir al mercado o salir a pasear sin necesitar que alguien organice un desplazamiento puede acabar siendo tan importante como los metros cuadrados de la vivienda.
Espacios versátiles
Cuando visitamos una casa para mayores de 65 años, debemos mirar que los espacios sean versátiles si algún día disminuye la movilidad.
Una ducha a nivel o con poco desnivel suele ser más práctica que una bañera. También ayudan una distribución despejada, suelos seguros y espacio suficiente para moverse con comodidad. No se trata de convertir preventivamente una casa en un entorno asistencial, sino de elegir una vivienda capaz de adaptarse sin una reforma compleja.
Conviene evitar los pasillos estrechos, pequeños peldaños entre estancias o accesos difíciles a balcones y terrazas. Durante años pueden parecer detalles sin importancia; más adelante pueden determinar si una vivienda sigue siendo cómoda.
Luz y confort térmico
La vivienda ideal para envejecer no se define únicamente por la ausencia de escaleras. También debería ser agradable y sencilla de habitar. Una buena luz natural facilita las tareas cotidianas y contribuye al bienestar. La ventilación, el aislamiento y la protección frente al calor, especialmente ante estos veranos extremos que estamos sufriendo en Mallorca, resultan clave.
Derramas y cargas económicas
Del mismo modo, una finca con instalaciones envejecidas, numerosos elementos comunes complejos o derramas continuas puede generar una carga económica y de gestión que conviene valorar antes de comprar.
Terraza o patio interior
En Mallorca, renunciar por completo al exterior puede resultar difícil para quien ha vivido muchos años con jardín o terraza. Tampoco es necesario hacerlo. Una buena terraza accesible o un pequeño patio interior en una planta baja puede permitir tomar el sol, comer fuera, cuidar plantas, recibir visitas o simplemente disfrutar del clima sin asumir el trabajo que exige una parcela completa.
Desprenderse de los recuerdos
Aquí aparece la parte más difícil, especialmente cuando hablamos de una vivienda familiar en la que se han vivido treinta o cuarenta años. Puede ser un chalet en Marratxí, una casa en Establiments, una vivienda en Son Vida, Génova o cualquier otra zona residencial de Mallorca. Allí crecieron los hijos, se celebraron cumpleaños y quedaron incorporados recuerdos que forman parte de la historia familiar.
Por eso, plantear una venta puede sentirse inicialmente como una pérdida. Sin embargo, puede resultar más útil cambiar la pregunta. En lugar de pensar únicamente en lo que se deja atrás, conviene preguntarse qué tipo de vida podría ofrecer la siguiente vivienda.
El apoyo de los hijos
Muchas veces son los hijos quienes observan que sus padres viven solos en una vivienda enorme, dependen del coche para cualquier actividad o dedican cada vez más esfuerzo a mantener una casa que utilizan solo parcialmente.
La conversación, sin embargo, requiere tacto. No debería comenzar con “tenéis que vender la casa”, sino con una pregunta mucho más abierta: ¿cómo os gustaría vivir dentro de cinco o diez años?
Quizá la respuesta sea seguir exactamente donde están. Pero también puede aparecer el deseo de viajar más, caminar a los sitios, vivir cerca de amigos o familia, disponer de actividades a poca distancia o simplemente dejar de dedicar tantos recursos a mantener una vivienda demasiado grande o el tan habitual “no molestar”.
Mientras una persona conserve plena capacidad para decidir, la elección sobre dónde y cómo vivir sigue siendo suya. Los hijos pueden ayudar a buscar información, detectar barreras, comparar alternativas o acompañar en una futura compraventa, pero la finalidad debería ser reforzar la autonomía de sus padres, no sustituirla.
Plantear esa conversación con tiempo tiene además una ventaja práctica enorme: permite elegir. Vender con calma, valorar bien la propiedad, explorar barrios, visitar distintas viviendas y organizar una mudanza es muy diferente a hacerlo después de una caída, una enfermedad o cualquier otra circunstancia que obligue a tomar decisiones deprisa.
Por eso, elegir dónde vivir a partir de los 65 o 70 años no consiste en buscar una “vivienda para mayores”. Consiste en buscar una vivienda que ayude a conservar durante el mayor tiempo posible algo mucho más valioso: la autonomía.
Lo importante es que la vivienda ideal para mayores reúna una combinación razonable de características:
- acceso sin barreras,
- ascensor,
- una distribución sencilla,
- tamaño manejable,
- posibilidad de adaptar baño y estancias,
- buena luz y, confort térmico,
- exterior fácil de mantener
- servicios cotidianos a una distancia que pueda recorrerse andando o en transporte público.
La vivienda a cierta edad y el entorno deben pensarse conjuntamente. En Durendesa® sabemos que vender una vivienda en la que se ha vivido durante décadas no es una decisión fácil. Por eso conviene pensar estas decisiones con tiempo y bien asesorados.